Lo que el sprint revela de ti
Supongo que este título provocará sensaciones diferentes dependiendo de vuestra experiencia y carrera profesional, pero además, en función de vuestro contexto, tendrá un significado distinto, porque no es lo mismo visualizarlo desde el mundo del deporte que tenerlo presente desde el punto de vista del desarrollador.
En este momento no es ni atletismo ni desarrolladores, es el entorno de las startups. Como no me gusta estar de brazos cruzados y me apunto a un bombardeo, y como los que me conocen saben que hay una idea que lleva madurando mucho tiempo en el fondo de mi cabeza y en la que llevo trabajando ya un tiempo con la ayuda de unas personas y la colaboración fundamental de otras, me apunté al Mentor Day para volver a pelearme con todo lo que implica levantar el proyecto.
Ahora entramos en los dos últimos tramos de la aceleración, y cómo cambia la escena cuando tienes tiempo a cuando el tiempo es el recurso más escaso. En la pasada reunión nos dejaron claro que esto no es para todos, que esto no espera y que confiar en que la vida te dará un respiro para poder centrarte en los detalles de tu proyecto es tener una ilusión de control que no se corresponde con la realidad.
Sonó duro, pero tienen razón, y esto lo recuerdo de la primera vez. Siempre hay algo que se cruza en medio de tu camino y tienes dos opciones: renunciar o buscar la manera de sortear la dificultad, de hacerla tuya y aprender de ella.
Al mercado no le interesa si se te ha estropeado la nevera o si a tu hijo le hacen huelga y no puedes dedicar las cuatro o cinco horas necesarias; ellos quieren un producto que les solucione una necesidad a un precio que estén dispuestos a pagar.
Con lo que el emprendedor, normalmente llamado autónomo al principio, tiene que hacer maravillas con el tiempo, rascar minutos al sueño, en los viajes, y usar toda la tecnología posible para seguir avanzando. En mi caso, voy con el portátil a todas horas y aprovecho cualquier momento para avanzar. Hablo con mi partner para fijar prioridades y repartir cargas, y fijamos objetivos con el poco tiempo que la realidad nos da e intentamos que cada día sea un paso más hacia la meta.
Pero sin duda no es fácil. Esto me devuelve a algo que tengo muy claro como entrenador: hay que trabajar cada día. Hay momentos en que todo te sonríe y otros que son una porquería, pero te has de presentar a todos y cada uno de los entrenamientos con la voluntad y las ganas de entrenar a fondo, a pesar de que te duelan las piernas, no estés de humor o cualquier otra circunstancia perturbe tu paz mental.
Hemos de tener el objetivo claro y la capacidad de tomar acción para poder avanzar. En el momento en que dejamos de apretar, de seguir empujando, y nos refugiamos en el “pobrecito de mí” —y soy consciente de lo tentador que puede ser— perderemos inercia, perderemos el hábito y, poco a poco, las fuerzas y la capacidad de hacer ese esfuerzo extra que convierte una idea en un proyecto factible.
En lo que queda ahora, entramos en la fase de revisión de lo ya trabajado, con discusiones y debates sobre los proyectos de forma conjunta en sesiones largas de más de dos horas. Esto implica que tengas que revisar lo que ya has hecho, que tenga coherencia con todo lo desarrollado, que seas capaz de explicarlo, de aportar tú también y luego recoger el feedback que te dan e incorporarlo.
Si esto no fuera suficiente tensión, la última fase requiere más atención y foco. Aquí es donde te reúnes con personas que te tratarán como si fueran inversores, con lo que no será agradable. Tendremos que aprender a responder preguntas duras, como la clásica: ¿quién pagaría por eso?, ¿cómo estás seguro?, ¿qué problema resuelve y cómo sabes que es un problema? Este trabajo que ya hemos hecho se convierte en un ejercicio de destilado para ofrecer la información relevante de forma clara, precisa y exacta, y así poder captar inversores, socios y financiación.
Eso es lo que hace que estos sprints tensen: ya la realidad es difícil, pero empezar a acortar los tiempos, la presión, hace que todo se vea más complicado, que se cree una visión túnel que nos impide apreciar el momento y la satisfacción de estar cada vez un poco más cerca. Y nos dejamos llevar por la altitud de la montaña en vez de la distancia que, a pesar de todo, hemos conseguido avanzar.


