Ibon Erraiz
Desde muy joven, Ibon Erraiz entendió el deporte no solo como práctica, sino como escuela de vida. Del fútbol en su Mutriku natal al baloncesto que fue ganando espacio en su mirada, su recorrido está marcado por la constancia, la curiosidad y el aprendizaje silencioso. No desde el foco, sino desde la experiencia; no desde la épica, sino desde la repetición diaria que va formando criterio, carácter y manera de estar en el mundo.
Hay trayectorias que no se explican sin un punto de quiebre. En la de Ibon, ese momento llegó en forma de accidente, cuando la vida le obligó a reaprenderlo todo. Desde entonces, su historia habla de adaptación, de aceptar la incertidumbre sin dramatizarla y de seguir avanzando sin necesidad de consignas vacías. No cree en recetas mágicas ni en el “si quieres, puedes” sin matices; cree en el sirimiri: constancia, paciencia y una actitud que, sin negar la dificultad, permite sostenerse en el tiempo.
Su mirada conecta deporte, empresa y vida cotidiana desde un mismo eje: las personas. Equipos que funcionan porque confían, entornos que rinden mejor cuando se cuida lo emocional, decisiones que se toman con calma incluso cuando hay presión. Ya sea en un vestuario, en una familia o en un proyecto profesional, el reto no es solo qué se consigue, sino cómo se llega y a qué precio humano.
Como padre, emprendedor y formador, defiende el valor de acompañar sin invadir, de educar sin acelerar procesos y de entender que el desarrollo —personal o profesional— no admite atajos. Habla de liderazgo sin estridencias, de responsabilidad compartida y de la importancia de crear contextos seguros donde niños, jóvenes y adultos puedan equivocarse, aprender y crecer sin miedo.
Hoy, con todos nosotros, Ibon Erraiz.
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