Estrella Polar
En esta vida, y me pongo en formato abuelo cebolleta contando sus batallitas, hemos de tener claros unos cuantos conceptos antes de hacernos a la mar.
Lo segundo que tenemos claro es saber dónde estamos, de qué punto geográfico partimos. Ser capaces de situarnos en el mapa es fundamental para conocer que podemos aprovechar los recursos que tengamos a nuestro alcance, si estamos en la desembocadura de un río o si estamos en medio de una meseta en un desierto. Cada uno tiene sus peculiaridades, sus ventajas y en cada cual podemos extraer conocimientos diferentes, no siempre igual de valiosos, pero útiles en nuestro viaje.
El tercer punto es saber dónde queremos ir. Porque lanzarse al mar sin tener una ligera idea de cuál queremos que sea nuestro destino es un gasto de energía y fuerzas que no se ha de hacer, a no ser que seas un aventurero o simplemente estés tan perdido que necesites un cambio de aires y salir de un entorno que te agobia, te deshumaniza y te anula como persona. En este caso podemos aceptar que se intente. Pero, aun así, hemos de tener clara una idea general: si queremos ver las auroras boreales o una playa de arenas blancas y sol reluciente.
El primer punto, y sí, lo he colocado en el tercer párrafo, es conocerte a ti mismo. Porque sin ser consciente de cuáles son tus capacidades como marinero, no pasarás de poder inflar un patito de goma y, a lo mejor, no llegas más allá de las cien millas náuticas y fracasas estrepitosamente. O quizás tu idea es remontar el Amazonas y te has llevado el USS Enterprise con toda la tripulación, y al segundo meandro te has quedado encallado.
Con estos tres ejes podemos planificar destinos. Podemos ver dónde queremos ir, y lo más habitual es que tengamos que ir haciendo paradas, principalmente para mejorar nuestro barco, para repostar y estar completamente listos cuando la aventura de nuestra vida se ponga interesante, por no decir llena de contratiempos.
En este viaje es importante también saber qué tripulación contratamos. Algunos estarán con nosotros todo el viaje —poco habitual— y otros entrarán y saldrán. Hay que aprender de ellos y ser capaces de darles la bienvenida a nuestra vida, como ellos nos la han de dar en la suya, y lo más importante: conocer cuándo la aventura conjunta se acaba y despedirse con afecto, cariño y llevándose el recuerdo imborrable de una travesía que jamás se volverá a repetir.
En cuanto a esta tripulación, cuidado con los perfiles que no sé si lo hacen conscientemente para evitar que la gente llegue a convertirse en lo que puede ser o porque para que ellos puedan sentirse bien necesitan que todos estén sometidos a su dictado. Usarán estrategias de todo tipo, como las de prudencia (“porque es muy arriesgado”), como las de pertenencia (“yo he puesto tanto o más que tú en este viaje”), o simplemente la de hacerte creer que este viaje es demasiado para ti y que mejor él lidera el barco de tu vida, tomando por ti tus decisiones vitales. El resultado es que tu vida deja de pertenecerte y queda en manos de otro que dicta tu destino, con lo que nunca llegarás a buen puerto, al menos para ti.
Sé que somos todos adultos y estos son metáforas, pero ejemplos de personas brillantes atrapadas por personas tóxicas que usan todo tipo de chantajes para mantenerte bajo su control con argumentos pasajeros como “yo te di tu primera oportunidad”, “sin mis contactos no serías nada” o “te doy estabilidad en tu trabajo” son herramientas de control mental que nos anulan, y lo mejor es evitarlas.
Además, si por esto fuera poco, hemos de aprender a ser flexibles, a navegar las olas, aprovechar los vientos y cabalgar las corrientes. No siempre el camino es en línea recta, de hecho nunca lo es. El camino es para vivirlo, disfrutarlo y vivenciarlo. Cuando sientes que el camino es parte de ti es cuando entiendes los pequeños cambios de condiciones y puedes disfrutarlo simplemente con un cambio de rumbo, parando en un puerto intermedio o dejando que Neptuno te lleve donde crea conveniente, porque cada vez tengo más claro que no existen las casualidades si sabemos mirar con los ojos del alma.
Como escuché en un podcast, estas situaciones son peligrosas y es importante siempre conservar la posibilidad de escoger, porque cuando te encuentras en estas situaciones y te das cuenta de que no tienes salida, tienes un problema muy grave porque dejas de ser libre, que es la piedra clave de todo desarrollo personal y profesional.
Por eso os insisto: conoceros, saber dónde estáis y dónde queréis ir, y escoger bien vuestra tripulación. Sé que es muy fácil escribirlo —esto lo hace ChatGPT casi sin gastar energía—, pero es complicado hacerlo. Y si os veis atrapados, por favor acudid a un profesional, a un coach o a alguien que os dé una nueva ruta para vuestra vida y recuperarla, porque esto no va de llegar primero, sino de disfrutar del viaje y de las oportunidades que te aparecen mientras estabas haciendo otros planes.
¿Y vosotros?, ¿vuestra brújula apunta a vuestra Estrella Polar o está desviada?


