De la Inquisición al león en la calle: ¿como cambiar y seguir creciendo?
Durante muchos años dábamos por sentado que el ser humano toma decisiones racionales. Recogía todos los datos y basándose en la evidencia tomábamos la mejor decisión posible. Hoy sabemos dos cosas, que y el segundo, que no somos nada racionales.
Durante muchos años dábamos por sentado que el ser humano toma decisiones racionales. Recogía todos los datos y, basándose en la evidencia, tomábamos la mejor decisión posible. Hoy sabemos dos cosas: nunca esperas aparezca la inquisicion española y, segundo, que no somos nada racionales.
Las personas procesamos la realidad usando pensamientos automáticos y pensamientos conscientes, pero la mayor parte del tiempo vamos en piloto automático. Esto es porque el ser humano está diseñado para ahorrar energía, y el modelo automático es rápido tomando decisiones y consume poco, mientras que el consciente requiere un gran esfuerzo de nuestro cerebro —consumo desorbitado de glucosa— y además nos regodeamos reflexionando sobre las posibles aristas de cualquier decisión. Imaginaos que vamos por la calle y nos salta un león con ganas de hacerse unas tapitas con nuestras lorzas: nuestro sistema automático nos haría salir corriendo, mientras que el sistema consciente haría reflexiones estilo... “Un león por la calle y no es un coche, caramba, ¿cómo se llamará?, ¿le darán catshow para comer o entrecots al punto? ¿Ese pelazo que tiene es natural o va a la peluquería?” Y, por supuesto, acabaríamos como moléculas de ATP en su torrente sanguíneo.
Yo, que me hago preguntas como el señor que acabó devorado por un felino, si la mayoría de nuestros pensamientos son automáticos, ¿de dónde vienen? La gente que tiene estudios dice que vienen de algo que llaman esquemas, que son estructuras que la atención activa ante un evento, sobre las que codificamos la realidad y que usamos para recuperar información. Además, hay un concepto que se llama priming, que hace que los que van a ir al infierno de cabeza lo usen para modificar o, como mínimo, sesgar nuestra respuesta. El priming consiste en activar un esquema para que sea el primero que usemos ante una situación que se nos presente en un espacio breve de tiempo.
Estos esquemas son muy difíciles de cambiar aunque la realidad demuestre que están equivocados; por eso preferimos poner más capas de mentiras que tirar un esquema en el que hemos puesto confianza. Estos esquemas definen grupos, nuestra propia percepción, roles, sucesos o cómo actuar ante problemas.
Por si fuera poco, tenemos los heurísticos, que son respuestas rápidas o reglas simples sobre los esquemas que tenemos definidos para dar una respuesta o una explicación sin tener todos los datos disponibles.
Además, sobre todo esto, nuestro estado de ánimo influye en cómo guardamos la información y cómo la recuperamos. Así que, si estamos tristes, escuchamos blues o canciones que, en vez de animarnos, nos deprimen más.
Todos estos mecanismos se aprenden por experiencia directa con la influencia de nuestro contexto social: padres, medios, amigos, figuras de relevancia o a las que les damos este papel. Con lo que somos lo que hemos vivido.
Ahora bien, cómo lo cambiamos sería la pregunta clave: ¿cómo hacemos para mejorar e impulsar un paso más adelante la sociedad? Exponerla a información dura que demuestre que las creencias están equivocadas, aunque no siempre funciona, con el tiempo y una buena explicación se puede empezar a cuestionar ciertos principios.
Otra opción, que es más personal, es acudir a profesionales que te ayuden a redefinir los esquemas que no te gustan y con los que no te identificas, pero como es lo que has vivido, sigues con ello a pesar de que cada vez que caes te arrepientes.
Por último, tenemos la fantástica catarsis, epifanía o vivencias que te hacen cambiar la percepción, la atención, los esquemas, los heurísticos y dejarlo todo para ser un monje tibetano. Para algunos son las experiencias cercanas a la muerte, romper con la pareja al ver que los dos habéis crecido hacia sitios distintos. El caso es algo profundo, duro e intenso que te cambia y por lo que probablemente también tengas que acudir a pedir la ayuda de un profesional.
En todo caso, la vida es cambio y los cambios, si están bien dirigidos, son buenos. Por eso creo que todos hemos de intentar crecer, evolucionar y dar un salto para que la siguiente generación no tenga un mundo con más servicios y comodidades, sino con más valores, principios y donde el ser humano no sea un asset, un recurso o simplemente una línea de un Excel. Un lugar donde los líderes lo sean por lo que aportan y no por la etiqueta en una tarjeta, y que tengan el respaldo de dirección para seguir pilotando el barco de sus equipos hacia la tierra prometida.


