Cuando el liderazgo se construye con otros
A veces el liderazgo no ocurre en salas de juntas ni en grandes decisiones visibles. Ocurre en conversaciones tranquilas, compartidas sin prisa, donde no hay jerarquías que imponer.
Llevo unos cuantos textos hablando de qué es un líder, pero más allá de la reflexión de que nos hemos de convertir nosotros mismos en nuestro propio líder, para llegar a serlo hace falta algo muy importante: otra persona. Con dos personas podemos hablar de un grupo, un conjunto de más de una persona que están juntos por una razón o que se han aliado por un objetivo común o quizá simplemente comparten trayecto porque tienen intereses similares.
Imaginemos que tienes la oportunidad de formar un grupo desde cero, seleccionando de forma libre a cada uno de los miembros, y que ellos, del mismo modo, te seleccionaran a ti para formar parte de su proyecto.
Esta situación no es fácil que ocurra; lo normal es que aterrices en un entorno ya definido donde los roles están ya fijados y cada uno tiene su historia personal con el resto de miembros. En contadas ocasiones a un directivo le dan la opción de crear un grupo y que él seleccione a cada uno de los componentes. Quizá cuando en las películas deciden crear el grupo de proyectos especiales y va el actor famoso de moda, junto con otros tres o cuatro con pasado relumbrón, y salvan a la humanidad de un asteroide o cualquier amenaza que potencialmente puede destruir a la humanidad.
El lugar donde realmente se da esta selección es en los nuevos proyectos, en las startups que dicen los sajones. Cierto es que seleccionamos sobre un universo basado entre nuestros contactos, pero es cuando podemos hacer cherry picking —que sería un post de start-ups sin un anglicismo— y atraer y seleccionar talento que sume al proyecto. Pero para que esta selección funcione hemos de tener en cuenta unas cuantas variables.
Primero y antes que nada, y vuelvo de nuevo a los temas de psicología, es conocernos a nosotros mismos. Qué cualidades tenemos, qué aptitudes y qué parte del proyecto podemos cubrir con nuestros conocimientos. Y hemos de ser realistas y de una honestidad brutal y sincera. Conociéndonos podremos saber qué áreas son las que completamos y cuáles no; como dicen los profesionales certificados en coaching, nuestra rueda de la vida. Esta herramienta nos presenta una serie de habilidades y cómo nos colocamos sobre estas para tener una presentación visual que nos permite entender qué es lo que nos falta y qué es lo que aportamos. Estas habilidades están definidas como: autoconocimiento, gestión emocional, autoestima, motivación, comunicación asertiva, escucha activa, empatía, toma de decisiones, establecimiento de objetivos, planificación, gestión del tiempo, enfoque, responsabilidad, compromiso, autodisciplina, gestión del cambio, adaptabilidad, resiliencia, manejo del estrés, autocontrol, confianza, liderazgo, influencia, aprendizaje continuo. Son muchas, pero también te puedes crear tu propia rueda de la vida mezclando habilidades blandas con las duras que se requieran para el proyecto o directamente ir a la división clásica de una empresa: marketing, ventas, RR. HH., IT, finanzas, operaciones, etc.
Con tu gráfica ahora has de encontrar a tu contraparte, la que llena esos huecos que a ti te cuestan, porque nadie es perfecto. El encontrar a la contraparte, ya sea una o más personas, es lo que dará fuerza inicial al proyecto. Dicen muchos que el equipo fundador es clave en la captación de inversores, con lo que tener perfiles que sean complementarios y además con prestigio ayuda mucho a pasar las primeras fases.
Uno de mis jefes tenía una frase que siempre he creído que resumía a la perfección lo que es llevar un equipo: fichar a gente mejor que yo y hacerles caso. No es tan sencillo como esto, pero encontrar un socio que sea mejor que tú, más inteligente, más competente y que lo sea en todas las áreas en las que flaqueas, pero que seas capaz de confiar en los conocimientos que os superponéis, es una bendición. Porque a partir de la suma de los conocimientos y el respeto, el proyecto crecerá de forma más sencilla que si hay recelos y desconfianza.
Por último, no quiero dejarme una parte importante que me comentaba Mónica Mendoza: que sea buena persona, que tenga el corazón en su lugar. Esto te ahorra muchos líos de abogados a la hora de hacer el pacto de socios. Existía un inversor que solo ponía dinero después de que su pareja hablara con los fundadores. Si consideraba que eran buenas personas y el proyecto le convencía, ponía dinero; si no, se retiraba discretamente.
Además, el contar con buenas personas ayuda a que en los momentos duros —que siempre los hay— tengas una persona que sepa verte y entenderte y acompañarte y, sobre todo, hacerte crecer más de lo que tú mismo pensabas posible, y al revés. Y con buenas personas no me refiero a los que dicen a todo que sí, que todo es maravilloso, sino a que, basados en la confianza que os tenéis, os podéis decir las verdades duras y dolorosas para crecer a partir del feedback que os proporcionáis. No edulcorar la realidad, pero no hacerla demasiado amarga, como en un pódcast que escuché hace poco: como el helado de caramelo salado, que es dulce y apetece, pero tiene un punto de sal que lo hace intenso y no empalaga
Si lideras un equipo o diriges una organización y sientes que el verdadero reto ya no es saber más, sino rodearte mejor, quizá sea un buen momento para parar y reflexionar. Si te apetece contarme tu historia o simplemente conversar, desde el podcast comparto reflexiones y experiencias sobre liderazgo, equipos y alto rendimiento. Estaré encantado de escucharte y, si puedo, aportarte mi experiencia.


