Estress en la cocina
Imagen de Tatxe

Este fin de semana ha sido de locos, hemos tenido tres comidas en dos días. Como somos gente precavida, hemos intentado cocinar cosas que puedan ser recicladas a posteriori, pero una de ellas era imposible, así que la preparamos el viernes.

Y allí estaba yo, mezclando, batiendo y calentando una serie de alimentos para tener un postre interesante. ¿Porque?, porque ya intenté una vez hacer este postre y no salió del todo bien y tenía mi orgullo un poco picado. Al final del proceso y antes de guardarlo en la nevera para rebozarlo y freírlo a última hora, la cosa tenía buen color y textura.

El caso es que llega el sábado y pasamos la primera comida, unas gambas, un gazpacho y unos mejillones. Nada problemático, se acaban los mejillones y el gazpacho y dejamos las gambas y los caracoles en un tupper en la nevera. El líquido de cocer los mejillones, a otro tupper y al congelador que siempre puede ir bien para acabar una salsa o hacer un arrocito con marisco.

Llega la tarde, y el bueno de Grey (que es uno de los que venían), se mete en la cocina para enseñarme como estaban sus berenjenas y de paso, nos curramos un asado con su salsita y unos champis. Por último, nos pusimos a hacer la leche frita que ya estaba medio preparada del día anterior. Todo fue bien, nos divertimos y nos hicimos unas risas, pero la cagada fue rebozar las cosas con pan rallado japones. Este pan esta bien para ciertos rebozados, pero para las cosas clásicas de toda la vida, es tirar el dinero y el tiempo. Afortunadamente, las berenjenas se salvaron. ¿Y la leche?, pues bien, la leche tenía toda la pinta de ser comestible a no ser por un pequeño detalle... me equivoqué y en vez de poner azúcar le puse sal. Gloriosa, y a la vez muy educada, fue la frase que soltó la Txipi: ¿esto esta un poco fuerte de sabor?. No, no estaba fuerte, estaba de parranda... estaba salado. En fin, a parte del ridículo y de la doble perdida de tiempo (por el rebozado y por la sal), la cena salió bastante bien y todos nos hicimos unas buenas risas contándonos anécdotas pasadas, o anécdotas que están por venir. Y sobrar, sólo sobró el asado, porque nos pulimos el resto e incluso unas rosquillas gallegas que había comprado en Casa Leiro, una tienda que hay cerca de casa.

Llegaba el domingo, y a parte de que cada vez que acabas una comida te toca limpiar, hoy también toca cocinar. Con unos ojitos de dormido más que una persona parecía un oso perezoso, el menda se levantó a las 9 de la mañana para recogerlo todo y preparar la comida. El menú, gazpacho otra vez (es fácil y es rápido), las gambas del día anterior, los caracoles y como plato fuerte reciclé el asado en una empanada. Como soy un gitano y un agarrado, el aceite venía de los champis con la excusa de que daría sabor.

Total, un fin de semana de cocina como dios manda, y lo que más risa me da es que de todo el fin de semana, lo único que nos ha sobrado para no tener que cocinar durante la semana es un poco de empanda y el jamón dulce y tranchetes que Grey trajo para hacer las berenjenas.

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