Cenando en el Alkimia
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Que me gusta la gastronomía no es ningún secreto. Me paso tardes enteras haciendo el tonto en la cocina, mezclando ingredientes, espesando salsas, añadiendo leticina de soja a los zumos, usando el sifón para hacer espumas... en fin, que es algo que me divierte y me interesa. Lo curioso del caso es que no tengo la costumbre de cenar fuera de casa. Son contadas las ocasiones que hemos ido a cenar por ahí. Mi teoría es bastante simple, si es por ir a cenar por cenar, ya hago yo la cena que es algo que me divierte y encima seguro nos saldrá más económico y con mejor atención al cliente. Y por otro lado, ir a uno de los buenos, para mi es algo caro para mi nivel de vida.

Por estas cosas de la vida, la moni y yo (de hecho fue idea suya), decidimos no regalarnos nada e ir juntos a un restaurante de postín. Y este lunes pasado nos fuimos a cenar la moni y yo al Alkimia.

Como queríamos probar un poco de todo pedimos el menú degustación de ocho platos. A parte de esto, el servicio que era de lo más atento y servicial que he visto, nos sirvieron un par de entrantes para abrir el apetito. Y para beber, escogimos un vino del cual ya ni me acuerdo, pero que nos recomendó el hermano de la moni. Es un vino blanco un poco atípico porque tenía bastante cuerpo y el retrogusto te dejaba un sabor muy característico.

Sobre la cantidad de comida, típica frase que uno dice cuando va a estos sitios de diseño, la necesaria e incluso más. Cuando estábamos por el sexto plato ya rezábamos para que se acabara la tortura porque no nos cabía nada más. Es muy duro estar saciado y ver que te traen otro plato... ver que tiene buena pinta, dudar, probar un poco para ver, y notar como se te caen las lágrimas de lo bueno que está. Y claro, uno hace un esfuerzo y se lo acaba comiendo.

Un dato importante es que no hay platos con sabores muy fuertes, quitando una sopa con ostras, percebes y otra cosa que ni me acuerdo. Lo habitual es una combinación de sabores delicados más que explosiones de sabor en la boca, como podía ser el bombón de huevo (algo brutal tanto en sabor como en realización).

Con todas esas sensaciones dentro del cuerpo y con la sensación de que no puedes más, ya nos dio por hacer el marujo verdulero y empezamos a observar el ambiente del local. Lo primero que nos dimos cuenta es que uno no puede ir a estos sitios con niños, un niño quiere un bocata de choped no una espuma de gorgonzola con berberechos. Y si el niño es muy gordo reposteria, quizás te cambie el bocadillo por un bollicao.

Otro de los interfectos era un cocinero que trabajaba con el Santi Santamaría. Enseguida nos fijamos en él, porque todos estábamos más o menos bien vestidos y sentados formalmente en la mesa. El no, sentado como en un bar leyendo la Vanguardia como si fuera un vulgar bar de tapas. Asumo que el ya debe tener el culo pelado de tanta sofisticación y le trae al pairo estas reglas no escritas.

Un dueto que también era de lo más interesante era una pareja que estaba detrás de nosotros. Era la típica pareja joven catalana, de clase media alta. Yo solo me fijé en un fragmento de la conversación porque el tono de sus voces me parecía de teleserie de TV3. El novio estaba diciendo que si tenían una hija quería que se llamara Mar, y la novia insistía que fuera el nombre que fuera, tendría que llamarse María. En el caso concreto, la niña pasaría a llamarse María del mar. Como ya podéis intuir, el chiste está prácticamente montado, solo falta imaginarse al novio pedir que a se lo ponga el nombre de Juana y ya tenéis a la Marijuana en persona.

En fin, la verdad es que comimos bien, nos sorprendió la fauna por las mezclas que habían, progres de diseño, burgueses con canas y niños gordos de repostería.

Resumiendo, todo exquisito y lo único que no probamos fue el café porque no nos entraba nada más. Simplemente queríamos salir a dar una vuelta a ver si se nos bajaba la comida. A mi tardó 6 horas y a la moni le tardó unas 14... si contamos el coste y el tiempo que hemos estado saciado, la verdad es que sale a cuenta :)

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Imagen de Xurri

A escasos 200 metros de casa

No tengo excusa... lo veo cada vez que voy al Bonpreu. Le tenía algo de respeto, por eso de que como tiene alguna estrella michelín, fuese a ser un rollo, pero ahora... a ver cuándo lío a mi santo y nos damos un homenaje.


Imagen de Tatxe

Pues la verdad es que si...

Pero pídete el menú de cinco platos sino quieres acabar con una sensación de oso perezoso y de bicho bola.

Saludos:

Tatxe

Saludos:

Tatxe