La guerra de los clones
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Mucho ruido y pocas nueces podría ser el subtítulo de esta segunda parte de La guerra de las Galaxias. El señor Lucas hace lo que quiere hacer, pero los seguidores de la serie no ven lo que quieren ver. En cualquiera de los casos, al menos una de las dos partes estará satisfecha y huelga indicar cuál de las dos.

Es innegable que la saga de la guerra de las galaxias es una soap opera de proporciones bíblicas y que ha conseguido arrastrar a una ingente cantidad de seres extraños (entre ellos yo) al mundo de los jedi, la fuerza y los reversos tenebrosos de las tostadas con mermelada. Eso sin mencionar nuestras ridículas imitaciones de luchas con barras de pan a modo de espadas láser.

Han sido muchas tonterías desde 1983 cuando se estrenó el Retorno del Jedi, tonterías que no fueron resarcidas suficientemente con La amenaza fantasma donde solo se salvaban los efectos especiales (por algo George Lucas creo ILM). De esta guisa y vista la decepción de los seguidores, se nos prometió que la segunda parte tendría más sustancia, más tramas y se nos mostraría una historia con más claroscuros que la anterior.

Pues bien, aquí tenemos la historia, La guerra de los clones. Y realmente, podemos decir pocas cosas a favor de esta nueva vuelta de tuerca del fenómeno fan. Los efectos especiales no son nada del más alla, están a la altura de lo que una película de este género debe de tener y son correctísimos, pero no nos sorprenden como anteriormente ocurrió con la carrera de vainas. Los efectos especiales no sobresalen de forma espectacular como venía siendo habitual en la anterior película.

Por otra parte, el guión, ciertamente tiene más tramas que la anterior película, pero la sensación no deja de ser que es otra película de adolescentes con problemas de adolescentes. Podríamos cambiar el escenario de La guerra de las galaxias y poner el de Porkys y la cosa no cambiaría demasiado. Sigue faltando un toque de cine negro al desarrollo del guión que sigue adoleciendo de una linealidad que bien poco favorece al desarrollo de la acción.

La evolución de los personajes es más que discutible, ya que desde antes de empezar la película, ya tienes claro muchas de las opciones que van a tomar los protagonistas. Y por si fuera poco, el deslizar de Annakin al lado oscuro de la fuerza, sigue siendo un tema que se trata de una forma banal y poco organizada, dando la impresión que no es que sea malo, sino que el mundo lo ha hecho así. Punto de vista muy complaciente que no acaba de cuajar con la visión global de la obra de Star Wars.

Del resto de personajes, solo cabe salvar a Yoda, porque es el sofista que siempre ha sido ayudarte podría, difícil de ver el futuro es y demás frases que nos ha dejado para la posteridad. No obstante, esta vez tiene una secuencia de acción que hará las delicias de los antiguos seguidores de Barrio Sésamo y de Super Coco.

En resumidas cuentas, su mejor baza es estar encuadrada en la muy bien explotada saga de la Guerra de las galaxias. Esta película pasaría como una especie de El rey escorpión del espacio si no tuviera la base historia de las tres primeras películas rodadas de la serie. Confiemos y esperemos que la tercera entrega que queda, cumpla con lo que todos los seguidores de la saga queremos, y podamos aunar los intereses de los espectadores con los de Geroge Lucas. Porque, no nos olvidemos, la saga es tanto nuestra como suya, con la única diferencia que los royalties se los queda él.

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