
Como el día anterior nos la dimos de intelectuales de pro y sin pasar por el brie con vino blanco, nuestra sangre latina ardía de deseos de salir a flote y marcarse un bañador petanquero con tortilla de patatas. Después de comentar la jugada con la hermana de mi novia, comprendimos que lo de la tortilla de patatas era excesivo y que deberíamos de cambiarla por una langosta (o dos, vamos, que en la cantidad no es necesario regatear).

Ya ha pasado prácticamente la navidad y podemos hacer un resumen más o menos acertado de su utilidad y función. Esta época de felicidad de papel, de esta fraternidad subvencionada y de el amor fraternal causado por desgracias ajena.